Tristes tiempos modernos

Los hijos jóvenes de la noche de Buenos Aires, creen que no les va a pasar nada y juegan con la vida.

Pero para eso estamos los adultos, para enseñarles la brecha entre libertad y libertinaje.

Es indignación lo que sentí ese día, cuando comenzaba a morir el sol y a encenderse las luces de Gaona.

Nunca creí que vería nada igual, transitando esa noche por la avenida, solitario y nostálgico.

En mi adolescencia disfrutábamos las salidas de otro modo, sin perder el respeto por nosotros mismos.

No sabría como describirlo. Simple, lo haré tal como recuerdo la situación, con la impresión nauseabunda que no me abandona.

Tuve la necesidad de estacionarme, sin darme cuenta noté la presencia de un chico, vomitando al costado del carril. Me acerqué para ayudarlo, tenía un aroma pestilente. Percibí un charco bordo a su alrededor, el olor a vino me invadió, me asomé a ofrecerle auxilio.

Había parado de vomitar, la botella cayó de su mano, descubrí que la aureola líquida sobre la que se acostaba no era vino.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Miedos nuevos ??

Ya pasó el huracán, no sé como logré escapar del ojo de la tormenta sana y salva. De a poco mi vida vuelve a la normalidad, yo vuelvo a ser la que era, aunque seguramente no del todo.
Creí que sería peor. Continuar hablando de esto es completamente innecesario, fue una vivencia más no importa si sufrí el doble o no, es algo que ya está por acabar y ahora es lo único que me importa.

Tema aparte. Estoy finalizando otra etapa de mi vida, el secundario.
Intentaron venderme nuevos miedos en la puerta de mi nueva escuela pero obviamente los rechaché, por desgracia al deambular un rato por ahi se escaparon de su dueño y ahora me encuentro poseída. Miedo a qué? Miedo a todo, como acostumbro, miedo a lo nuevo, a la inclusión. Juro que soy capaz de abandonar los estudios simplemente por esto, por ese sueño ajeno al que yo le temo tanto: la independencia.

martes, 25 de noviembre de 2008

Miedos Adultos

Luego de haber digerido en estos días el suceso no me queda mucho por desahogar. Si decido escribirlo es porque quiero que quede algún registro, aunque sé que es un recuerdo que nunca se borrará de mi. Son esos momentos de la vida en las que el destino nos obliga a tomar decisiones, son momentos tristes y horribles.
Es sentirse obligado a crecer de golpe, es sentir que la responsabilidad nos abofetea a la cara, es querer mirar para otro lado y que todo se solucione por su propia cuenta.
Creí que lo peor ya había pasado, pero no, hay veces que la solución es peor que el problema. Se avecina una tormenta, sufrimiento, angustia. Soledad, y eso es lo más exasperante.
Es complicado describir lo que a uno le pasa por la cabeza en situaciones como estas, son tantas cosas, tantas locuras.
Lo de fingir que estoy tranquila me viene saliendo bastante bien, gracias a la ayuda de él y de mi mejor amiga, que colaboran en calmarme y mantenerme riendo. Es de esas experiencias que uno cree que nunca van a pasarle, pero le pasan y sólo se piensa en golpear la cabeza contra la pared hasta perder la consciencia y que al despertar sea todo parte de una horrenda pesadilla.

No siempre querer es poder, y aunque yo quisiera dejar que fluyan el curso de las cosas no estoy preparada, ni capacitada, ni me lo permitirían. Es un sueño que debo dejar para más adelante. Seguramente es una herida que nunca cerrará, un dolor que recordaré en futuras e inocentes sonrisas, una tortura que me acompañará durante varios años, pero no me queda otra alternativa. Y digo con lagrimas en mis ojos, me gustaría declarar con mucho orgullo que si por mí fuera tomaría la decisión más hermosa de mi vida, ojalá pudiera decir cual es, ojalá pudiera al menos imaginarla sin culpa, ojalá pudiera ser real.

Ojalá el día de mañana lo recuerde como si en algún segundo le hubiera permitido respirar.

domingo, 16 de noviembre de 2008