Cuesta creer que la moda no sólo se limite al vestuario, a esos raros peinados nuevos ( no quiero ver al doctor, sólo quiero ver al enfermero ) a la decoración de exteriores e interiores sino también a una palabra. Una que ha pasado por boca de varios, lo que puede comprobarse con situarse al menos un minuto frente a la caja boba. No hay noticiero en el que no aparezcan personas modulando de la i a la d, ya sean famosos o pobres diablos que perdieron algún ser querido.
Es una palabra compuesta formada por la sílaba in y el resto (que por su parte tiene otro significado completamente opuesto, se las conoce como antónimos). La primer definición de la RAE nos enseña: seguridad es cualidad de seguro, en cuanto a la sílaba que suelta quedó lo único que diré es que no le tengan lástima, ella ocupa la parte más importante aquí y le halla sentido a toda esta divagación.
IN es una palabra en inglés. Si pudiera inventar un rango lingüístico, una especie de top ten, "palabra" estaría muy por encima de "sílaba". Repito, IN es una palabra en inglés que traducida al español sería dentro, y en el fashion world (después de todo de eso se trata el texto) se la utiliza para definir que es digna parte de la moda. Aunque pensandolo bien la inseguridad es el último grito, estoy pensando seriamente en escribirle una carta a la Srta RAE planteandole que corrija sus errores. O encuentro in-inseguridad o outseguridad, cualquier palabra que no se apegue a las recién nombradas es desacertada.
Inseguridad
Vicky Cristina Barcelona
Pasó tiempo desde la última vez que me situé ansiosa en la butaca de un cine. Quizás haya sido la primera vez, pero no quiero afirmar nada que no pueda asegurar.
La cuestión es que todas mis expectativas fueron acertadas, me involucré en el film como nunca, sentí que tenía algo de cada una de ellas. Entre esos personajes; un poco de Vicky, un poco de Cristina, un golpe de horno y ¡voilá!, nace una yo.
Mi superficie se llama Vicky. Es quien intento ser, fiel, estructurada, con metas claras y responsable. Es quien comencé a interpretar, la veía a ella y me veía a mi, actriz en vida. El motivo: él, a veces siento que no es suficiente para impulsarme a seguir fingiendo.
Mi alma se llama Cristina. Es quien en verdad soy, es lo que escondo para mí (en sentimientos, hojas de papel, lágrimas ocultas) liberal, soñadora, buscando una manera de expresarse. Sin saber lo que quiero pero siempre sabiendo lo que no quiero.
Y en Barcelona, lo que daría por poder disfrutar de lo que ellas vivieron...
Por último María Elena y sus (mis) ataques psicóticos, intentos de suicidio (sólo imaginarios), ambigüedad, autodescontrol, necesidad de equilibrio, violencia. Es mi lado oscuro, lo peor de mí, es que no hay dulce sin amargo.
En ese momento comprendí tantas cosas inquietantes, como tantas otras veces, cosas que luego me arriesgo a olvidar, sin quererlo o queriendo. Reprimí el llanto (como tantas otras veces). Giré mi cabeza hacia él, lo miré y sentí tristeza (por mí, por él, por nosotros), inseguridad. Imaginé mi futuro sientiendo pena y miedo por el presente (siempre siento miedo, es usual en mí); nostalgia de mi pasado tan libre tan olvidado. Sentí lástima por lo que no hice y no haré.
Me guardé esas ganas todavía vigentes en un bolsillo, la película había finalizado. Nos retiramos intercambiando opiniones; nunca dejando de acariciar mi bolsillo, pensando en abandonarlo con el paso del tiempo. Transformandome cada vez más en una Vicky, abandonando cada vez más a mi anhelada Cristina, esfumandose el sueño de vivir Barcelona, siempre acompañada por la neurótica María Elena.
Estuve ausente unas cuadras, intentando paralelamente ser la de siempre para que no perciba absolutamente nada. Hasta que las risas me devolvieron a esa geométrica realidad nuevamente. Y yo dejé de lado esas tantas cosas inquietantes como tantas otras veces.






