No es casualidad que la fecha de defunción de este humilde blog esté tan aproximada a la fecha en que se distanció. Necesité hablarte, saber porqué, lograr volver a acercarme o al fin poder despedirme, pero no seguir así. Así no, así no sé, así no se hace, así no me hace bien.
De repente, resurgió, no sé como ni porque, hay situaciones en la vida en la que no podemos pedir explicaciones, o al menos no se nos permite profundizar con preguntas en las excusas que nos dan. Ya ni interesa, lo único que me importa es que reviviste; y que me hiciste feliz, una vez más, un día más. Me regalaste nuevamente un recuerdo, de esos imborrables, de momentos bizarros que sólo nosotros sabemos disfrutar. Me regalaste fotografías, de nosotros risueños. Me regalaste una sonrisa, que perduró unos cuantos días más, si no semanas. Me regalaste tu compañía y eso es más que suficiente, pero luego desperté, todo vuelve a la normalidad, volvés a desaparecer y yo sin saber de vos. Hasta que te atreviste a hablarme (al menos ahora más que antes) y me confesaste que tenés un viaje del que ya me habías contado, que la vida te depara otro camino, durante un tiempo no muy largo, pero para mí nada breve. Mientras me alegraba por ti, me entristecía por mi, ahora sólo pienso en como no pensarte, en si despedirme o simplemente desaparecer como solés hacer; como suelen hacer las personas quizás porque lo crean más romántico, o simplemente somos todos cobardes, o nunca terminamos de estar seguros si queremos cerrar cierta puerta y esperar a que se abra una ventana. El problema es que vos sos una ventana, y si te cierro no sé qué pueda abrirse, y si te clausuro no volveré a ver el Sol, al menos no en vos, no ese sol otoñal que siempre me obliga a recordarte, no veré las palmeras que bailan al compás de tu música o de nuestra gaita, no veré el pasto ni las plazas en las que tantas veces nos recostamos mirando al cielo y sonriendo, siempre sonriendo, también soñando porque sos un soñador y como tal sos contagioso, mirándonos de reojo, mirando al otro reir, observandolo, distrayéndose en el otro, hundiéndose de a poco, encariñándose.
Entre muchas reflexiones fugaces opté por no terminar este texto y esperar a ver qué nos depara el destino, una vez más, ese mismo que nos cruzó y nos unió, y nos mantiene, aunque sea desde lejos, aunque sea desde el pensamiento, él decidirá cuándo olvidaremos el adiós y hablaremos de un hasta siempre..
No te digo lo que pienso, podría hacerte sonrojar.
Conócete a ti mismo .
Si hay cosas importantes en la vida son pocas, pueden ser contadas con los dedos de una mano, como las amistades. De esas pocas está, entre las más importantes, lograr incorporar esta frase como objetivo principal en nuestra rutina. Sé que no es una tarea sencilla, que es una meta difícil de alcanzar pero hay que saber que basta con intentarlo.
Traté durante algunos años y luego, sin conocer el porqué, me rendí. Seguramente sí sepa la razón y no quiera recordarla, es lo que siempre me sucede. Es lo que acostumbro hacer: olvidar, ignorar, reprimir, sucumbir.. Me cansé, quiero volver a ser quien era, a recordar quien era, disfrutar momentos de soledad y de silencio, a dejar de esconderme de mí y de refugiarme en los demás; a descubrir cada día las cosas que más disfruto hacer para no dejar de hacerlas, para comenzar a hacerlas. Hace bastante tiempo que dejé de conocerme, que me perdí entre la multitud, necesito volver a sentirme única...
jueves, 9 de julio de 2009
Sin ti, las emociones de hoy no serán más que la piel muerta de las de ayer
Nunca tuve la ilusión de encontrar a mi príncipe azul. Nunca fui de creer en cuentos de hadas. Nunca busqué el amor ni esperé a que llegue. Al menos no públicamente, no gritándolo a los cuatro vientos, no divulgandolo con aerosol en las paredes; quizás sí encerrada en mi cuarto llorando por las noches, despreciando a aquellos que me basureaban, despreciandome a mi misma por permitirlo, en esos momentos deseaba más que nada en el mundo que alguien llegara cabalgando a rescatarme.
Un día llegó él, quien yo creí sería uno más en la lista, pero no. De a poco me fui entregando, me animé a probar una relación, a decir te amo. No tardé mucho en sentirme consumida por semejante compromiso (nunca me comprometo a nada) que claramente no funcionó, o no permití que funcionara. Así que luego de herirlo, de ir y volver, envueltos en lágrimas constantes y perdones que perdían su valor logramos separarnos. Mejor dicho, de terminar con palabras lo que no nos atrevemos a finalizar con hechos; porque seguimos juntos, pero "sin ataduras".
El problema está a la vista: miedo, el mío por supuesto. Inseguridad, incertidumbre y otras yerbas. Creo estar enamorada, el no tener la certeza es lo que me obliga a dar continuamente pasos hacia atrás, en un juego de la oca sin fin.
Me recosté para disfrutar una vez más de Amélie, reviví su historia y nuevamente me emocionó. Es cuando entendí que hasta que no encuentre a un coleccionista de fotos rotas, huellas y risas raras no lograré enamorarme. Sentir esa pasión, tal admiración.
Siempre encuentro lo que busco, ahí es cuando pretendo más, así se convierte en un círculo vicioso en el que nada ni nadie es suficiente para satisfacer mis ganas de vivir. No se me ocurre un adjetivo correspondiente que describa lo que creo de esto que soy yo, pero les aseguro que no sería ninguno positivo.
viernes, 19 de junio de 2009
Dame un beso lleno de preguntas nuevas.
Citándome a mí misma:
"Hay momentos que me parecen eternos en los que tu cara se me desdibuja.. pero recuerdo las sonrisas que supimos disfrutar y como por arte de magia tu rostro se presenta frente a mí, y parece tan real que desearía que lo fuera".
Es de las pocas veces que me atrevo a abrir la ventana, tu ventana, y a redactarte algo tierno en unas pocas oraciones; mientras miro tu imagen poco nítida que me alcanza para continuar odiándome por ser lo que no soy, o mejor dicho lo que evito ser. Sin embargo hay algo en vos que me incita a desnudar mi alma antes que mi cuerpo, aunque no quiera permitirlo. E intenté persuadirme para que no llegues a mí, lo logré, me esfumé durante días y me invocaste, satisfaciendo mi objetivo. Pero me aburrí, necesito que me invadas otra vez, que irrumpas en cada pensamiento como en un principio, cuando apenas comenzaba a conocerte, cuando la adrenalina del coqueteo danzaba frente a nosotros perfumando de emoción cada instante, pintando de colores cada risa.
Ya no me importa si me gustás más que yo a vos, o más de lo que deberías, me urge divertirme flirteando, histeriqueando, jugando, estimulando.. Te invito a que regreses, aunque no tengas noción de haberte marchado, y me seduzcas con palabras dulces (sabiendo que prefiero lo salado), me secuestres, me encierres en tu placard para verme y tenerme cuando se te antoje (como tantas veces hablamos).
A partir de ahora será un tarareo continuo de Haga Dudar que recitando "las certezas me dan desconfianza, quiero un beso que me llene de preguntas" me estimula a intentarlo, a no recorrer el camino seguro por primera vez en mi vida, a aventurarme en un valle sinuoso lleno de pozos, piedras y redes de incertidumbres que tanto solía odiar. Sí, me estoy entregando en cuerpo y alma, deseo dejar de tener tantos miedos.. no sólo respecto a personas y mundos nuevos, sino también a otro tan conocido como lo es él, pero eso queda para otra ocasión.
viernes, 12 de junio de 2009
Amor a primera vista.
Cuesta recordar cómo y cuándo fue, cuesta hasta el porqué. Cuesta recordar porque es irrelevante. No tiene ninguna importancia la manera en que nos acercamos, ni el instante, ni las verdaderas razones. Me gusta creer que fue obra del destino.
Ya pasaron aproximadamente 5 años desde la primera vez que cruzamos palabra, desde el momento en que nos enredamos hasta sentirnos uno.
En el medio pasaron tantas cosas, como en cualquier tipo de relación, pero es ahora cuando la marea está baja y ya no sufro que entiendo que fueron simples pruebas de la vida, por suerte superadas; esto me da más fuerza y más ganas de seguir amándote, de seguir reservándote ese lugar inmenso en mi corazón que supiste conquistar, que siempre será tuyo.
Quizás hayas cambiado en tanto tiempo, seguramente yo también; es ese amor infinito y retorcido que nos permite aceptar hasta nuestros nuevos rostros.
Es difícil describirlo, no creí que lo sería tanto, es algo que me desgarra dentro, es un lindo dolor porque más que doler apasiona. Saber que cada vez que nos reencontremos habrá algo entre nosotros que no se perdió entre tanto tornado y tormenta, que no habrá vez que te vea sin sentir inmensas ganas de abrazarte y decirte al oído lo mucho que te amo, o simplemente gritarlo, sin encontrar respuesta; no va a importarme, ya me curtiste, lo que soy es en gran parte lo que vos quisiste que sea, y sé que mi locura por vos es recíproca. Es encontrarme en tu mirada y que te encuentres en la mía, es amar como nunca amaremos porque nuestro amor es raro (en el buen y mal sentido de la palabra) e incomparable, inigualable.
Gracias por tanto, y hasta por nada. Gracias por seguir a mi lado y por abandonarme un poco, ambas cosas hacen que me enamore cada vez más de vos.
Y sentí que te perdía, nunca me sentí más miserable, pero te recuperé (quizás no debiera decirlo así, porque nunca te dejé ir del todo, o nunca me soltaste del todo) y el alma me volvió al cuerpo.
Sabés mejor que nadie que las cursilerías no forman parte de mí, pero que siempre SIEMPRE al hablar de vos me alcanzan y me endulzan las palabras, me enternecen, despiertan en mí mi lado más débil.






