Sin ti, las emociones de hoy no serán más que la piel muerta de las de ayer

Nunca tuve la ilusión de encontrar a mi príncipe azul. Nunca fui de creer en cuentos de hadas. Nunca busqué el amor ni esperé a que llegue. Al menos no públicamente, no gritándolo a los cuatro vientos, no divulgandolo con aerosol en las paredes; quizás sí encerrada en mi cuarto llorando por las noches, despreciando a aquellos que me basureaban, despreciandome a mi misma por permitirlo, en esos momentos deseaba más que nada en el mundo que alguien llegara cabalgando a rescatarme.

Un día llegó él, quien yo creí sería uno más en la lista, pero no. De a poco me fui entregando, me animé a probar una relación, a decir te amo. No tardé mucho en sentirme consumida por semejante compromiso (nunca me comprometo a nada) que claramente no funcionó, o no permití que funcionara. Así que luego de herirlo, de ir y volver, envueltos en lágrimas constantes y perdones que perdían su valor logramos separarnos. Mejor dicho, de terminar con palabras lo que no nos atrevemos a finalizar con hechos; porque seguimos juntos, pero "sin ataduras".
El problema está a la vista: miedo, el mío por supuesto. Inseguridad, incertidumbre y otras yerbas. Creo estar enamorada, el no tener la certeza es lo que me obliga a dar continuamente pasos hacia atrás, en un juego de la oca sin fin.

Me recosté para disfrutar una vez más de Amélie, reviví su historia y nuevamente me emocionó. Es cuando entendí que hasta que no encuentre a un coleccionista de fotos rotas, huellas y risas raras no lograré enamorarme. Sentir esa pasión, tal admiración.
Siempre encuentro lo que busco, ahí es cuando pretendo más, así se convierte en un círculo vicioso en el que nada ni nadie es suficiente para satisfacer mis ganas de vivir. No se me ocurre un adjetivo correspondiente que describa lo que creo de esto que soy yo, pero les aseguro que no sería ninguno positivo.

viernes, 19 de junio de 2009

Dame un beso lleno de preguntas nuevas.

Citándome a mí misma:
"Hay momentos que me parecen eternos en los que tu cara se me desdibuja.. pero recuerdo las sonrisas que supimos disfrutar y como por arte de magia tu rostro se presenta frente a mí, y parece tan real que desearía que lo fuera".

Es de las pocas veces que me atrevo a abrir la ventana, tu ventana, y a redactarte algo tierno en unas pocas oraciones; mientras miro tu imagen poco nítida que me alcanza para continuar odiándome por ser lo que no soy, o mejor dicho lo que evito ser. Sin embargo hay algo en vos que me incita a desnudar mi alma antes que mi cuerpo, aunque no quiera permitirlo. E intenté persuadirme para que no llegues a mí, lo logré, me esfumé durante días y me invocaste, satisfaciendo mi objetivo. Pero me aburrí, necesito que me invadas otra vez, que irrumpas en cada pensamiento como en un principio, cuando apenas comenzaba a conocerte, cuando la adrenalina del coqueteo danzaba frente a nosotros perfumando de emoción cada instante, pintando de colores cada risa.
Ya no me importa si me gustás más que yo a vos, o más de lo que deberías, me urge divertirme flirteando, histeriqueando, jugando, estimulando.. Te invito a que regreses, aunque no tengas noción de haberte marchado, y me seduzcas con palabras dulces (sabiendo que prefiero lo salado), me secuestres, me encierres en tu placard para verme y tenerme cuando se te antoje (como tantas veces hablamos).

A partir de ahora será un tarareo continuo de Haga Dudar que recitando "las certezas me dan desconfianza, quiero un beso que me llene de preguntas" me estimula a intentarlo, a no recorrer el camino seguro por primera vez en mi vida, a aventurarme en un valle sinuoso lleno de pozos, piedras y redes de incertidumbres que tanto solía odiar. Sí, me estoy entregando en cuerpo y alma, deseo dejar de tener tantos miedos.. no sólo respecto a personas y mundos nuevos, sino también a otro tan conocido como lo es él, pero eso queda para otra ocasión.

viernes, 12 de junio de 2009

Amor a primera vista.

Cuesta recordar cómo y cuándo fue, cuesta hasta el porqué. Cuesta recordar porque es irrelevante. No tiene ninguna importancia la manera en que nos acercamos, ni el instante, ni las verdaderas razones. Me gusta creer que fue obra del destino.
Ya pasaron aproximadamente 5 años desde la primera vez que cruzamos palabra, desde el momento en que nos enredamos hasta sentirnos uno.
En el medio pasaron tantas cosas, como en cualquier tipo de relación, pero es ahora cuando la marea está baja y ya no sufro que entiendo que fueron simples pruebas de la vida, por suerte superadas; esto me da más fuerza y más ganas de seguir amándote, de seguir reservándote ese lugar inmenso en mi corazón que supiste conquistar, que siempre será tuyo.
Quizás hayas cambiado en tanto tiempo, seguramente yo también; es ese amor infinito y retorcido que nos permite aceptar hasta nuestros nuevos rostros.
Es difícil describirlo, no creí que lo sería tanto, es algo que me desgarra dentro, es un lindo dolor porque más que doler apasiona. Saber que cada vez que nos reencontremos habrá algo entre nosotros que no se perdió entre tanto tornado y tormenta, que no habrá vez que te vea sin sentir inmensas ganas de abrazarte y decirte al oído lo mucho que te amo, o simplemente gritarlo, sin encontrar respuesta; no va a importarme, ya me curtiste, lo que soy es en gran parte lo que vos quisiste que sea, y sé que mi locura por vos es recíproca. Es encontrarme en tu mirada y que te encuentres en la mía, es amar como nunca amaremos porque nuestro amor es raro (en el buen y mal sentido de la palabra) e incomparable, inigualable.
Gracias por tanto, y hasta por nada. Gracias por seguir a mi lado y por abandonarme un poco, ambas cosas hacen que me enamore cada vez más de vos.
Y sentí que te perdía, nunca me sentí más miserable, pero te recuperé (quizás no debiera decirlo así, porque nunca te dejé ir del todo, o nunca me soltaste del todo) y el alma me volvió al cuerpo.

Sabés mejor que nadie que las cursilerías no forman parte de mí, pero que siempre SIEMPRE al hablar de vos me alcanzan y me endulzan las palabras, me enternecen, despiertan en mí mi lado más débil.

domingo, 7 de junio de 2009

Tenés la receta justa para hacerme sonreir.

En una de esas infinitas distracciones que suelen sorprenderme cada vez que oigo la voz de quien predica literatura de Europa meridional, cruzaron por mi mente miles de ideas tan veloces como la marcha de las almas en algún círculo del infierno. Son pensamientos repetidos, como esas películas que dan los findes en canales de aire, a las que uno se rehusa y sin embargo no se cansa de ver. Miro por la ventana, el cielo se ha alegrado, decidió nuevamente revestirse con su manto celeste, hace un instante estaba maquillado con sombras en tonos grisáceos. Cielo bipolar.
Desde el inicio fue un día distinto, a pesar de haber subido y bajado los siete pisos por escalera unas cuantas veces mi humor estaba intocable. Hasta la clase de literatura española estuvo más entretenida, todos estaban de acuerdo para que mis ánimos no decayeran, y terminó de mejorar con su mensaje expresando sus ganas de vernos un rato a lo que accedí, obviamente. Estuvimos solos, rodeados de música y sonrisas, acostados en la cama hablando de nada, de eso se trata la felicidad. En una especie de redundancia me cuestionó si me gusta No te va a gustar, no lo sé le dije y terminé enamorandome de un par de temas.
Respiré varias veces sintiéndome completamente viva. Hace mucho no me sucedía. Fue una tarde de mil risas, de suspiros. Me hizo tan bien, me hacía tanta falta. Me gusta, no me gusta. No me gusta admitirlo, él me gusta.
Llegué a casa y en lugar de hacer mis deberes decidí dedicar todo la tarde a hacer el amor con Liniers y Kioskerman, y continuar en el extasis de risas, desgasté Verte reir y No necesito nada, las oí hasta el hartazgo.
(El párrafo anterior esconde links, es todo de pura recomendación).

De eso se trata la vida, de saber sonreir.

martes, 19 de mayo de 2009

I wish you were here

Todo fin nos provoca un cóctel de emociones.

Cuando no estoy del todo bien (no quiero sentirme triste, por eso evito decirlo) es cuando más me cuesta escribir, pero esta vez quiero hacerlo, necesito hacerlo. Arrastro conmigo una caja llena de recuerdos, de miedos y de angustia que ya comienza a pesar, y a mi pesar me arrastra con ella hacia abajo y no puedo mantenerme de pie. Si lo hago no es como quisiera, no así, no con la cabeza en otra parte y en ningún lado al mismo tiempo, pero tampoco donde debería tenerla. Tomé la decisión de jugarme por lo que creí que quería pero no fue en el mejor momento (por no escribir peor, que triste palabra). Y es como ando familiarizada con palabras que nada dicen, que nada ayudan a mejorar, con sombras, con agua salada, con canciones que llaman a la soledad.
No tengo metas, ni sueños, ni hobbies, dejé en el camino esas cosas que tan bien me hacían. Estoy alejada, de esas personas que supieron regalarme mil sonrisas, estoy alejada de él y de mí misma.
Ya no escucho mi música, ni escribo como me gusta (creo que nunca me gustó), ni hago teatro, ni me siento libre, ni lloro. No puedo llorar. Y no puedo evitar seguir oyendo fuiste lo mejor, porque lo fuiste y lo sos y te dejé ir. Quizás porque estoy segura que nunca vas a irte del todo, que siempre me acompañarás, no lo sé, no estoy segura. Sé que el Pity habla por mí, no puedo creerlo, encontrar en él tal descripción, en cada palabra habla de mí. Y de vos. Y de nosotros. Creo que nunca voy a poder dejar de hablar de nosotros. Porque te amé , porque me enseñaste a hacerlo, porque te amo y no me importa admitirlo, porque no sé si me equivoco al dejarte , no sé si hago mal en decir que sos el amor de mi vida , y me encanta no saber gracias a vos. Creás esas confusiones en mi cabeza, nublás de dudas mi tiempo de pensar, mi tiempo a solas, no dejás de hacerte presente y no se corta el círculo vicioso. Nunca voy a poder sentirme lista de estar a tu lado, si no dejás de vivir en mí.

Me siento vacía, necesito encontrarme.

lunes, 11 de mayo de 2009