Todavía me duran las ojeras y el cansancio. La emoción, la adrenalina. Pasa el tiempo y sigo sin poder creer que todo terminó, que tanto libertinaje en un corto plazo haya llegado a su fin.
Pero no, no planeo contar la felicidad que te contagia al corazón tanto paisaje hermoso y tantas risas sino el extrañamiento que se produjo en mi viaje.
Existe la posibilidad de que le haya ocurrido a alguien más, claro que sí, pero al menos hoy quiero sentirme especial ya que comparando con mis compañeras de habitación, con las de piso, con las de hotel mi historia es la más linda de todas.
Lo sé, necesitan saber la razón. Conocí a alguien, una nueva persona, me permití confiar en él. Ahora estoy en Bs As y a cada rato lo recuerdo, solo ruego que sea pasajero porque él tiene su compromiso en Tigre y yo el mío acá instalado en casa las 23 hs de un día que dura apenas veinticuatro.
Prometí no dejarme engañar nunca más, pero en medio de tanta montaña, tanto lago dibujado a pincel es todo muy distinto. Me gusta, me gustó esas semanas, fue una relación efimera y tierna. Enceguecidos nos dejamos invadir por esa magia proveniente de bosques, de fogón, de cena de velas.
Desde lejos no se ve
No soy autónoma
Sólo balbucearé palabras, intentaré formar frases, con mucha más dificultad redactaré párrafos. Es uno de esos días en que necesito descargarme y no encuentro la manera.
Por alguna extraña razón, ignorada por mí no puedo llorar. Lo he evitado tantas veces, pareciera que he olvidado como hacerlo.
Seguramente escriba solo porquerías, no es día de inspiración, sino de limpieza emocional. Es como provocar el vómito para relajar el estomago.
Por si estaban buscando la relación entre el titulo y el texto aquí les va. Escribo por necesidad, buscando desintoxicarme de esto que me oprime el pecho. De esta dictadura sentimental en la que no está permitido bajo ningún punto de vista la libertad de expresión, ni ideológica, no se permite pensar. Así es como una bandita elástica vive cortándome la circulación sanguínea del cerebro y me vuelvo cada día un poco más tonta. E infeliz.
Se me acaba el aire. Estoy hundiéndome en un vaso con agua, del cual no cae ninguna gota que lo rebalse, mientras nado en círculos produciendo olas para que eso suceda y me golpeo contra las paredes de vidrio una y otra vez. Tropezando con las mismas piedras. Me estoy volviendo idiota, no estoy haciendo nada para evitarlo.
Repetición cíclica y así sucesivamente
Era una estúpida discusión. Eran reproches sin sentido, no tenía derecho a hacerlos. Estaba rompiendo una promesa y para colmo se daba el lujo de enojarse.
De repente se dio cuenta de lo que había hecho, una vez más lo había lastimado. Con miedo decidió acercarse, con miedo al rechazo, sabiendo en el fondo de sí que lo que más deseaba esa otra persona era su presencia. Se sentó a su lado, sólo se atrevió a acariciarle el pecho, consolándole. Un gesto algo distante y al mismo tiempo tan comprensivo.
Aquella otra persona mantenía la vista continuamente hacia adelante, sólo le dirigía la mirada durante las confesiones más profundas cuando la sinceridad y el dolor invadían la habitación.
No era la primera vez que esto sucedía. Ella le había vomitado sus miedos miles de veces, él había llorado muchas más.
Comenzó a sentirse una basura, nuevamente.
Y sabe que su horrible don es herir a la gente que ama, y sabe que va a morir sola y finge que no le importa y no le caen lágrimas, es un llanto eterno e interno.






