sobre lo que nunca escribí.
El porqué me convertí en eso que tanto odiaba en mi infancia. A esas chicas que amaban ser el centro de atención, se dejaban manosear, se hacían las putas. Todo fue por falta de cariño. Hay que buscar un culpable, siempre hay que encontrarlo, es una pena que esta vez todo haya sido culpa mía. Porque si había ausencia de amor era de amor propio.
En un determinado momento, no sé cuando, dejé de respetarme y de quererme. Así comencé a permitir que me falten el respeto, que me traten como a una prostituta de la zona roja, que me usen y me tiren, que me basureen, que me insulten.
Agradezco nunca haber ido más allá del límite establecido, de la línea de llegada. O sea de mi cadera hacia abajo. De no haber dado a conocer, ni haber permitido el ingreso a ningún individuo que no había hecho el esfuerzo suficiente por ganar mi confianza. Me di el lujo de tener derecho de admisión y cerrarles una barrera a los que solo intentaban obtener mi cuerpo.
Mi cuerpo, si supieran lo poco que vale. Les recomendaría luchar por ganar mi corazón, pero ya es demasiado tarde porque ya tiene dueño, alguien se jugó y compró todas las rifas. A pesar de todo, aunque sabía lo que se decía de mi (o todavía se dirá?), pero a él no le importó, supo ver más allá de mi materia y llegó a mi espiritu. Por esa razón le entregué lo que los demás deseaban y a donde no supieron llegar. Fue una de las mejores decisiones de mi vida.
Y yo como una estúpida disfrutando de ser un mito, de ser una trola en rumores, de que mis intimidades de alcoba pasearan por bocas ajenas. Esas acciones que me había atrevido a hacer con miedo y vergüenza, sin que a ellos les importe.






