Fueron días felices, de sonreír y sonreír, el amor me abofetea a la cara cuando lo veo, cuando lo pienso, cuando lo extraño lo pienso y lo necesito. Se me escapan risas, me brillarán los ojos? En la panza siento cosquillas y aquel ser que enterré hace unos años reapareció.
Ese ser que se atrevía a amar, a confiar, a entregarse sin miedo. Espiritualmente, y claro, físicamente también; porque si fingía su liberación en cada encuentro carnal no era por gusto, sufría en cada caricia.

viernes, 4 de julio de 2008

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