Nuevamente, como todos los lunes se repite la historia. Ingresamos a ese mundo mágico y desconocido en el que nuestras caretas de siempre son reemplazadas por unas de cartapesta, escondiendo nuestros rostros y fingiendo ser lo que no somos. Allí está la felicidad, no en encubrir nuestra personalidad, sino en el arte de descubrirnos, de saber de lo que somos capaces.







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